21.1.05

Carroll, siempre tan lógico y coherente.


El poema en su versión original estaba escrito al revés y solo podía ser leído usando un espejo.
Aparece en el viajado Alicia a través del espejo, de Lewis Carrol. El obseso de las cosas invertidas.

El Baraúndo

Era el bullir, los tersos lagartejos
se arrizomaban en la verdiloma,
los bogrios suspiraban a lo lejos
y hasta ululaba el tortuguín de goma.

“¡Hijo: del Baraúndo ten cuidado!
¡De su quijada y su feroz zarpazo!
¡Si ves al ave Jubjub hazte a un lado
y evita al frumibundo Tarascazo!”

Él empuñó su vorpalina espada
y buscó largamente a su enemigo,
se echó bajo un tamtam, pensando en nada
y estuvo un rato así, solo y consigo.

Y mientras cavilaba ufosamente,
¡el Baraúndo, con mirar de flama,
zumbó a través del bosque, de repente,
con borborigmos y un rugir que es fama!

¡Un, dos!, ¡un, dos!, ¡un, dos!, ¡atravesando
con su espadón el músculo y el hueso!
Cargó con su cabeza, y entonando
un son de triunfo comenzó el regreso.

“¿Pudiste asesinar al Baraúndo?
¡Ven a mis brazos, niño esplendoroso!
¡Oh día fragnífico, genial, rotundo!”
Desternillábase el señor de gozo.

Era el bullir, los tersos lagartejos
se arrizomaban en la verdiloma,
los bogrios suspiraban a lo lejos
y hasta ululaba el tortuguín de goma.
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